Jesús Diego Cota, el jugador con más partidos en la historia del Rayo Vallecano, se ha convertido en un símbolo no solo del club, sino del barrio de Vallecas. En una reciente entrevista, Cota reflexionó sobre su trayectoria futbolística y la situación actual del equipo, que se encuentra a las puertas de una semifinal europea. Para este veterano del fútbol, la posibilidad de jugar en la Conference League con el Rayo es un hito casi inimaginable, especialmente teniendo en cuenta sus orígenes. Su pasión por el deporte y su profunda conexión con Vallecas lo han llevado a convertirse en un referente, lo que impulsa a jóvenes del barrio a perseguir sus sueños en un entorno donde la adversidad a menudo forma parte del día a día.
El barrio de Vallecas, que ha sido testigo de numerosas historias de lucha y superación, es un elemento central en la narrativa de Cota. “Vallecas y este equipo son uno solo”, dice con convicción. Para él, la esencia de la comunidad se refleja en la pasión de la afición y en el compromiso de los jugadores. Cota recuerda el sentido de pertenencia que siempre ha encontrado en Vallecas, donde los nuevos integrantes del equipo de fútbol han aprendido a valorar la cercanía y el calor humano que caracteriza a sus habitantes. Esta conexión única es lo que hace que los futbolistas se sientan como en casa, un sentimiento que se ha transmitido a lo largo de generaciones, desde los padres hasta los hijos.
A través de su vida, Cota ha enfrentado desafíos que van más allá de los terrenos de juego. Crecer en un barrio donde la droga y la violencia eran parte de la realidad lo llevó a buscar alternativas en el fútbol. Su relato sobre las luchas diarias, incluidos los sacrificios de su familia para mantener una frutería, añade un contexto significativo a su carrera. A pesar de las tentaciones de un entorno complejo, el amor por el deporte lo alejó de los caminos oscuros, y su empeño por aprovechar las oportunidades le permitió no solo salir adelante, sino también inspirar a otros a hacer lo mismo. «El deporte es un salvavidas”, afirma.
En su relato, el futbolista destaca la importancia del compañerismo y la rivalidad sana que se daba en los vestuarios de antaño. “Antes era casi sano pegarse con un compañero de equipo”, sostiene Cota, rememorando momentos de tensión que, a menudo, fortalecían los lazos entre los jugadores. Para él, estas interacciones eran parte del crecimiento y de la construcción de un equipo sólido. Sin embargo, Cota también subraya cómo ha evolucionado la mentalidad en el fútbol moderno, donde las dinámicas son diferentes. En su opinión, la esencia del Rayo, su alma, reside en la relación íntima que se construye entre los jugadores, el club y la comunidad.
Finalmente, Cota resalta la necesidad de un Rayo Vallecano moderno que, aunque respeta sus raíces, debe adaptarse a los tiempos actuales. Pone de manifiesto las carencias estructurales del club y la importancia de que las instituciones y el presidente trabajen en conjunto para mejorar las condiciones del estadio y del equipo. Para él, este compromiso se traduce en un mayor apoyo al barrio, fomentando un ambiente donde los jóvenes puedan soñar y alcanzar sus metas. Con un futuro prometedor por delante y una afición que nunca deja de alentar, Cota se muestra optimista sobre el camino por delante, tanto para el Rayo como para Vallecas.



