La FIFA ha decidido dar marcha atrás en su polémica propuesta de vender una participación de su imperio empresarial a inversores externos, un plan que había generado un gran revuelo dentro del mundo del fútbol. El anuncio se produjo el viernes, después de que el proyecto se encontró con una resistencia abrumadora por parte de varias asociaciones miembro, especialmente la UEFA, que jugó un papel clave en la oposición a la propuesta. La FIFA había intentado recaudar aproximadamente 4.200 millones de dólares mediante la venta del 20% de una nueva unidad encargada de gestionar eventos como la Copa del Mundo, valorando esta unidad en 20.000 millones de dólares, una cifra que despertó inquietudes entre los líderes del deporte.
El rechazo a la propuesta evidenció las divisiones dentro del fútbol global, generando un clima de conflicto y desconfianza entre las diferentes federaciones. Tal fue la presión ejercida por la UEFA, que incluso se amenazó con un boicot al resaltar que la venta de acciones implicaría poner en riesgo el ‘alma’ del deporte. En su declaración oficial, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, reconoció que había escuchado las preocupaciones y que las divisiones creadas por el proyecto eran irreconciliables. «Nuestro propósito siempre ha sido unirnos y mejorar», sostuvo Infantino, concluyendo que sería mejor retirar la propuesta para fomentar el desarrollo del fútbol.
La situación en el seno de la FIFA se complicó aún más con la dimisión de Carlos Cordeiro, asesor principal de Infantino, quien calificó el proyecto como «un mal negocio para el fútbol». Su salida marcó un giro drástico dentro de la organización, sugiriendo que incluso algunos altos funcionarios estaban en desacuerdo con la dirección que Infantino estaba tomando. Kevin Lamour, director de operaciones, afirmó que el personal fue «engañado» por el presidente, al describir la propuesta como un «proyecto de una sola persona», lo que generó aún más descontento entre los asociados de la FIFA.
La controversia en torno a la venta de participación ha puesto en el centro del debate la necesidad de una gobernanza más transparente y colaborativa dentro de la FIFA. Figuras destacadas como el primer ministro británico, Andy Burnham, también se han pronunciado, indicando que Infantino es «el hombre equivocado para dirigir la organización». Estas declaraciones refuerzan la percepción de que la FIFA enfrenta importantes retos a nivel de liderazgo y estrategia, en un momento en que la transparencia y la confianza son más cruciales que nunca en el deporte, especialmente considerando la magnitud de los eventos que gestiona.
De cara al futuro, Infantino ha manifestado su intención de abordar estas divisiones y reunir a todas las partes interesadas en un ambiente constructivo. Al parecer, su objetivo es reconstruir la confianza y el apoyo de las federaciones nacionales, así como promover el crecimiento del fútbol en los países que más lo necesitan. Sin embargo, el camino no será fácil, ya que la situación actual ha dejado cicatrices que tardarán en sanar. La FIFA deberá trabajar arduamente para restaurar su imagen y fortalecer las relaciones con todas las partes involucradas en el deporte.



