Argentina ha logrado colarse entre los cuatro mejores del Mundial a pesar de un rendimiento que ha dejado mucho que desear. Lo que se ha convertido en un milagro de semifinalista parece sustentarse en la brillantez indiscutible de Lionel Messi y en decisiones arbitrales que han generado más controversia que alabanza. Desde el primer partido, los fallos en la gestión del VAR y la permisividad de los árbitros han beneficiado a la selección argentina en momentos clave, dejando a muchos cuestionando la justicia del juego y la calidad del fútbol desplegado.
El debut de Argentina en este Mundial estuvo marcado por un episodio que alteró el curso del partido. En un momento crucial del encuentro contra Argelia, Lionel Messi cometió una falta que podría haberle costado una tarjeta roja. Sin embargo, el árbitro polaco Marciniak, en un giro que sorprendió a muchos, no mostró ninguna amonestación hacia la estrella argentina. La polémica se intensificó cuando Messi, ya sin sanciones, se convirtió en el héroe del partido al marcar un triplete, lo que dejó en la memoria colectiva la sensación de que la justicia no se cumplió en el campo.
Las críticas hacia las decisiones del VAR no han cesado, especialmente tras el partido contra Suiza. La expulsión de un jugador helvético por una errónea confusión de identidad encendió los ánimos de los suizos, quienes consideraron que la intervención del arbitraje les había costado el partido. El entrenador de Suiza, Murat Yakin, expresó su frustración, lamentando cómo una regla ambigua pudo arruinar sus posibilidades de avanzar. Este tipo de decisiones han provocado un mar de quejas no solo proveniente de Suiza, sino también de otras selecciones que se han visto perjudicadas, como Egipto y Cabo Verde.
El análisis del seleccionador argentino, Lionel Scaloni, tras el partido contra Suiza, reflejó una realidad incómoda. Reconoció la fortuna que había tenido su equipo y cómo la expulsión de un rival facilitó su juego. Sin embargo, su equipo ha mostrado una clara falta de consistencia en su desempeño, acumulando cansancio físico y mental, a medida que las eliminatorias avanzan. La apreciación de los aficionados argentinos es contundente; a pesar de la alegría por seguir en el torneo, aflora una preocupación por el bajo nivel de juego que podría dejar al país en una situación complicada en la siguiente fase.
Los aficionados argentinos, que han estado presentes en cada partido, expresan su descontento y desconcierto. Aunque celebran el avance a las semifinales, sienten que el equipo ha utilizado toda su suerte y que, a este ritmo, podrían ser vulnerables ante rivales como Inglaterra. La combinación de un juego persistentemente pobre y decisiones arbitrales discutibles ha levantado una sombra de duda sobre la trayectoria de la Argentina en el Mundial, dejando a los hinchas temerosos de que su suerte podría agotarse. Mientras tanto, cada victoria se convierte en una carga más para un equipo que se aferra a la esperanza de consolidar su legado futbolístico a través de Lionel Messi.




