El Atlético de Madrid sigue atormentado por una racha negativa que parece no tener fin. Tras la angustiosa eliminación en la Champions League, el conjunto colchonero sufrió una nueva decepción al caer derrotado en casa ante el Celta de Vigo. Con un único y magistral gol de Borja Iglesias, que sorprendió con una vaselina al portero Oblak, la frustración se apoderó del Metropolitano. El ambiente que comenzó con ilusión pronto se tornó en silbidos hacia los jugadores, en especial contra Almada, mientras que los cambios tácticos de Simeone en la segunda mitad fueron objeto de crítica entre los aficionados. En esta etapa del campeonato, el equipo se encuentra en un estado de luto, aspirando ya a un verano que les permita reiniciar la siguiente temporada desde cero.
Bajo un perturbador aguacero que incluso hacía presagiar granizo, la afición del Atlético se presentó en el estadio metropolitanense, con 52,693 espectadores desafiando las inclemencias del tiempo. A pesar de haber sufrido una reciente caída en Londres, el himno resonó con fuerza, lleno de fervor y esperanza, en un momento en el que las últimas jornadas de La Liga parecían ofrecer una oportunidad idónea para reponer el ánimo del equipo. Sin embargo, el optimismo de los hinchas se vio rápidamente empañado por la enésima lesión de Giménez, que solo pudo estar en el campo durante los primeros veinte minutos del partido, y que se toevoegó a la lista de preocupaciones para Simeone.
En el primer tiempo, el Atlético mostró destellos de su potencial ofensivo, siendo Lookman uno de los más activos, quien provocó una serie de ocasiones interesantes, incluso estrellando un balón en el travesaño. Sin embargo, la defensa del Celta, aunque vulnerable, logró mantener la puerta a cero gracias también a la labor de su portero, Radu. Mientras tanto, las lesiones en la retaguardia colchonera reciente, representadas por el triste caso de Giménez, comienzan a convertirse en un lastre que afecta a la cohesión del equipo.
Al regresar del descanso, el Atlético mostró un esfuerzo renovado y mantuvo la iniciativa del partido, aunque la falta de precisión en los últimos instantes fue evidente. Las acciones de Baena se destacaron positivamente, con una actitud digna de sus épocas gloriosas en Villarreal. Sin embargo, el juego del Celta, que parecía tibio, dio un giro inesperado cuando transformaron una pérdida de Koke en una oportunidad de oro, culminando con el gol de Borja Iglesias que cayó como un balde de agua fría entre los aficionados colchoneros.
La reacción tras el gol del Celta fue palpable; la afición se sintió indignada por los cambios de Simeone y la decisión de retirar a su mejor hombre, Baena, que había brillado en el centro del campo. A pesar de que el recién ingresado Cubo dejó ver destellos de calidad con un disparo cruzado, el tiempo se agotaba y la desesperanza se adueñaba del Metropolitano. El impulso del equipo a pesar de su frustración no fue suficiente para conseguir el empate, y los colchoneros se marcharon a casa, una vez más, con las manos vacías, mientras la sensación de un futuro incierto se cernía sobre el club.



