Un nuevo estudio ha revelado que un alarmante uno de cada cuatro jugadores de la NFL podría estar en riesgo de desarrollar encefalopatía traumática crónica (CTE) a lo largo de su carrera. Publicado en el BMJ, el análisis muestra que de los cerebros de jugadores fallecidos entre 2016 y 2021, el 91% presentó signos de esta enfermedad neurodegenerativa, aunque los investigadores advierten que el número real probablemente sea aún más alto. El Dr. Daniel Daneshvar, principal autor del estudio, asegura que la cifra mencionada es la más conservadora posible y refleja una grave crisis de salud que enfrenta el deporte, puesto que los síntomas de la CTE pueden manifestarse de formas debilitantes, tocando aspectos cruciales de la vida cotidiana de los exjugadores.
La historia de la CTE se remonta a 1928, cuando el patólogo Harrison Martland documentó por primera vez el síndrome del ‘punch drunk’ en boxeadores. Sin embargo, fue en 2002 cuando se diagnosticó por primera vez en un futbolista profesional, Mike Webster. Desde entonces, los investigadores han encontrado que la enfermedad, que no se puede diagnosticar de forma definitiva hasta después de la muerte, está estrechamente vinculada a la repetida exposición a conmociones y golpes en la cabeza, lo que provoca daños acumulativos en el cerebro. Los síntomas de esta afección incluyen pérdida de memoria, depresión, confusión y otros problemas cognitivos serios que pueden dificultar significativamente la vida de quienes la padecen.
En el estudio reciente, los investigadores examinaron cerebros de 235 exjugadores de la NFL que donaron sus cuerpos a la ciencia. De estos, 215 mostraron signos claros de CTE. Sin embargo, tomando un enfoque cauteloso y asumiendo que aquellos que no donaron sus cerebros estaban libres de la enfermedad, los investigadores concluyeron que la prevalencia de CTE podría ser de solo el 25%. Si se considera la realidad y se revisan los casos no donados, la cifra de CTE podría estar mucho más cerca del 91%, lo que subraya la gravedad del problema y la necesidad de tomar acciones decididas para proteger a los jugadores de futuras generaciones.
Uno de los aspectos más preocupantes de la CTE es que su desarrollo puede comenzar en edades tempranas, antes de que un jugador llegue a la NFL. Las conmociones no son los únicos culpables; se estima que un jugador universitario puede recibir hasta 1,000 impactos sub-conmocionales en una temporada. Este riesgo ilimitado se debe a la naturaleza acumulativa del daño cerebral. Aunque la NFL ha implementado protocolos de manejo de conmociones y ha empezado a modificar algunas reglas del juego, el enfoque excesivo en las conmociones visibles puede no ser suficiente para combatir el problema más amplio del daño craneal potencial en los jóvenes deportistas.
Con los debates sobre la seguridad en el fútbol americano en aumento, expertos como el Dr. Daneshvar sugieren que no es necesario eliminar el deporte, sino modificarlo para minimizar el riesgo de lesiones cerebrales. Cambios en las prácticas, como limitar o eliminar las colisiones durante estas sesiones, así como prohibir ciertos tipos de golpes durante los juegos, podrían ser pasos decisivos hacia un futuro más seguro en el fútbol. La NFL ha hecho progresos en la implementación de estas medidas, pero aún hay un largo camino por recorrer para garantizar la salud y el bienestar de todos los jugadores, especialmente aquellos que comienzan su carrera desde una edad temprana.




