En el entorno actual del mercado de valores, los inversores se enfrentan a una decisión crítica: elegir entre una estrategia de inversión activa o pasiva. Esta elección no es trivial, ya que cada enfoque ofrece ventajas y desventajas que pueden influir directamente en el rendimiento de una cartera. Mientras que la inversión pasiva se beneficia de la diversificación y la gestión de costos reducidos, la inversión activa brinda la oportunidad de capitalizar en entornos de mercado volátiles donde los gestores pueden superar a sus índices de referencia. Es fundamental comprender que, aunque la tendencia del sector ha inclinado la balanza hacia estrategias pasivas, la gestión activa tiene su lugar especialmente en ciertos ciclos del mercado.
A lo largo de las últimas dos décadas, hemos sido testigos de cómo los activos fluyen hacia estrategias de inversión pasivas, impulsadas en parte por la percepción de que los gestores activos no pueden superar consistemente a sus puntos de referencia después de gastos. Sin embargo, como señala Noah Solomon, la gestión activa no es inherentemente inferior; en ciertos períodos, como entre 2000 y 2009, los gestores activos efectivamente superaron a los inversores pasivos. En los mercados bajistas, donde las acciones sobrevaloradas sufren caídas agudas, los gestores activos a menudo demuestran su capacidad para proteger el capital, una ventaja que no debe subestimarse.
Solomon identifica tres pilares fundamentales que pueden conducir a la rentabilidad en la gestión activa. El primero de estos pilares es la diferenciación. Muchos fondos activos se asemejan tanto a sus índices que su rendimiento solo puede ser ligeramente mejorado por la gestión activa, lo que se traduce en un desempeño poco atractivo. Los estudios indican que aquellos fondos que mantienen una cartera significativamente diferente de su índice de referencia tienen mayores probabilidades de generar rendimientos superiores. Así, la originalidad en la gestión de carteras no solo es un valor añadido, sino una necesidad para destacar en un mercado competitivo.
La protección a la baja es el segundo pilar que Solomon resalta como crucial para los gestores activos. La habilidad de mitigar pérdidas en momentos de crisis del mercado es más valiosa a largo plazo que el simple hecho de obtener ganancias en mercados alcistas. Históricamente, el S&P 500 ha enfrentado caídas del 30% o más en tres ocasiones durante los últimos 25 años, y los gestores que han demostrado ser capaces de preservar capital durante estas caídas no solo benefician a sus clientes en el corto plazo, sino que también crean un camino más sólido para la acumulación de riqueza a largo plazo. Como tal, los inversores que buscan minimizar riesgos deben prestar atención a la capacidad de su gestor activo para proteger el capital.
Por último, la consistencia en el rendimiento a través de diferentes ciclos del mercado representa el tercer pilar en la gestión activa. Evaluar la habilidad de un gestor no solo en el contexto de un año excepcional, sino a lo largo de un ciclo completo de mercado, es esencial para determinar su potencial de éxito. La capacidad de un gestor para mantenerse en la parte superior de su grupo de pares durante períodos prolongados sugiere que están bien posicionados para ofrecer rendimientos satisfactorios a largo plazo. En resumen, mientras que la inversión pasiva sigue siendo un pilar de diversificación, la gestión activa tiene mucho que ofrecer, siempre que los gestores se centren en estos tres pilares clave.




