La situación de varias ciudades estadounidenses que albergaron partidos del reciente Mundial de fútbol se ha vuelto un foco de atención, ya que reclaman millones a la FIFA por pagos que se les habían prometido. Según un artículo de ‘The Athletic’ en ‘The New York Times’, cuatro ejecutivos anónimos involucrados en la organización del evento han denunciado que no han recibido los fondos acordados, cifra que asciende a un millón de dólares por cada ciudad para desarrollar proyectos sociales y deportivos. Esta promesa, aunque no formalizada públicamente, fue comunicada en varias conversaciones durante la preparación para el torneo.
Las ciudades que albergaban los partidos incluidos en esta disputa son Seattle, San Francisco, Los Ángeles, Dallas, Houston, Kansas City, Atlanta, Philadelphia, Miami, Boston y Nueva York/Nueva Jersey. En particular, este último fue el escenario de la emocionante final en la que España se coronó campeona del mundo por segunda vez. Los ejecutivos se muestran sorprendidos por la falta de respuesta de la FIFA, especialmente considerando el presupuesto operativo del torneo que alcanzó los 2.700 millones de dólares, además de los beneficios significativamente más altos obtenidos ya en el ciclo 2023-26.
El asombro de los ejecutivos se fundamenta en el hecho de que, mientras la FIFA generó ingresos directos por patrocinios y derechos de retransmisión, las ciudades asumieron la mayoría de los gastos asociados a la logística, transporte y seguridad durante el Mundial. Cada estado involucrado enfrentó los costos, ya sea a través de impuestos o mediante inversores privados, y a pesar de los beneficios económicos que eventualmente podrían surgir, muchos ayuntamientos afirman haber afrontado pérdidas.
Esta situación agrava aún más la crisis de confianza que enfrenta el presidente de la FIFA, Gianni Infantino. En los últimos días, su autoridad ha sido desafiada no solo por la situación con las ciudades anfitrionas, sino también por su intento de vender derechos de los próximos Mundiales, lo que provocó una reacción negativa de federaciones regionales, incluyendo a la UEFA. Infantino, quien había buscado apoyo entre figuras políticas como Donald Trump, se encuentra ahora solo, con el riesgo de no ser reelegido y, eventualmente, forzado a renunciar.
La espera por el cumplimiento de las promesas de la FIFA ha expuesto una serie de irregularidades en la gestión de las finanzas del Mundial y ha generado preocupación sobre el compromiso de la organización con las ciudades que desempeñan un papel clave en la realización del evento. A medida que las ciudades continúan presionando por sus reclamos, la respuesta de la FIFA y su capacidad para resolver esta situación serán cruciales para restaurar la confianza en la organización y garantizar el éxito de futuros torneos.




