Desde que se acuñó el último lote de centavos estadounidenses para la circulación en noviembre del año pasado, la falta de monedas ha llevado a consumidores y empresas en todo el país a innovar en la gestión de sus transacciones. Ante esta situación, se ha presentado una propuesta bipartidista que busca estandarizar el uso del efectivo, facilitando así el proceso de compra y la eliminación gradual de la moneda de menor valor. Este movimiento ha crecido en apoyo entre los principales sectores económicos, reflejando la adaptación necesaria en un mundo cada vez más digitalizado.
El pasado martes, la Cámara de Representantes aprobó la Ley de Céntimos Comunes, que introduce pautas específicas de redondeo en transacciones en efectivo cuando no se pueda proporcionar el cambio exacto. Este proyecto de ley también pondría fin a la acuñación de centavos, permitiendo su producción solo para fines de colección o numismática, lo que marca un hito en la evolución de la moneda estadounidense. Con este ajuste, se busca aliviar la presión tanto sobre consumidores como sobre comerciantes en un entorno donde los costos de producción de los centavos superan su valor nominal.
A pesar de que los centavos seguirán siendo considerados moneda de curso legal, la Ley de Céntimos Comunes estipula que los pagos en efectivo podrán ser redondeados hacia arriba o hacia abajo según el total del monto de la transacción. Por ejemplo, los montos que terminen en 1, 2, 6 o 7 se redondearán hacia abajo al níquel más cercano, mientras que aquellos que terminen en 3, 4, 8 o 9 se redondearán hacia arriba. Esta práctica tiene como objetivo minimizar el descontento que podría surgir por la falta de cambio y facilitar las compras cotidianas.
Sin embargo, esta legislación también ha generado controversia, sobre todo entre los restaurantes y pequeños negocios, que han manifestado su preocupación por los costos asociados al redondeo. La Asociación Nacional de Restaurantes advirtió que muchos establecimientos, para evitar disputas legales, han comenzado a redondear hacia abajo al níquel, lo que podría generar pérdidas anuales significativas, estimadas en 168 millones de dólares. Por otro lado, un informe del Banco de la Reserva Federal de Richmond advirtió que este redondeo podría costar a los consumidores estadounidenses alrededor de 6 millones de dólares al año.
A pesar de las preocupaciones, la aprobación de la Ley de Céntimos Comunes ha sido celebrada por organizaciones de la industria que ven en esta medida una necesidad urgente para garantizar la armonización en las transacciones de efectivo a nivel nacional. Los representantes Robert García y Lisa McClain, patrocinadores del proyecto, enfatizan que su implementación podría mejorar la experiencia tanto para consumidores como para empresas, eliminando la «fricción innecesaria» en las transacciones diarias y aumentando la eficacia operativa de los establecimientos comerciales.




