Las advertencias de los meteorólogos han alcanzado un crescendo alarmante en los últimos meses, impulsadas por la inminente llegada del El Niño más severo jamás registrado. Este fenómeno climático, conocido por provocar fluctuaciones extremas en el clima global, promete traer temperaturas récord y una oleada de eventos climáticos severos. Las empresas e inversores no están tomando este aviso a la ligera; cientos de compañías que cotizan en bolsa, particularmente en los sectores de alimentos y productos químicos, han comenzado a emplear sus llamadas de ganancias no solo para reportar sus resultados, sino para discutir sus estrategias de contingencia frente a lo que podría ser una crisis climática monumental. Los bancos también han lanzado alertas sobre el potencial de un choque en el suministro que podría disparar los precios debido a la interrupción de las cadenas de producción causada por el clima extremo.
El impacto del próximo ciclo de El Niño se proyecta como un desafío tanto local como global para las empresas y sus operaciones. A diferencia de fenómenos climáticos menos predecibles, El Niño es conocido y ha sido estudiado ampliamente, siendo un tema familiar para muchos tomadores de decisiones que navegan en torno a la seguridad alimentaria y la producción industrial. Leyendo la historia reciente, los eventos de El Niño de las décadas de 1970 y 1990 ocasionaron pérdidas significativas en varias industrias, lo que ha llevado a los planificadores de la cadena de suministro a estar en alerta ante la repetición de estas estadísticas preocupantes. Sin embargo, el ciclo actual será diferente, marcado por un contexto global caracterizado por un aumento de temperatura de aproximadamente 1.5°C desde la Revolución Industrial.
Los modelos climáticos indican que este El Niño se fortalecerá considerablemente, con temperaturas de la superficie del mar que superan las medias históricas. Este fenómeno, aunque normalmente tiene una duración de menos de un año, puede dejar consecuencias económicas que perduran mucho más allá de su ciclo. Por ejemplo, la devastación de cultivos debido a intensas lluvias podría resultar en una crisis inmediata para las economías agrícolas, además de perturbar los suministros globales a lo largo de múltiples temporadas. Investigaciones del Banco Central Europeo sugieren que un El Niño intenso podría incrementar los precios de las materias primas alimentarias hasta en un 9% mundialmente dentro de los 16 meses siguientes y este impacto podría extenderse durante años.
La incertidumbre y el temor por las interrupciones en la cadena de suministro son temas recurrentes para los ejecutivos de las empresas hoy. Richard Shin, CFO del Jollibee Group, ha mencionado en una reciente llamada de ganancias que los riesgos asociados con el cambio climático y la inflación deben abordarse desde una perspectiva holística. Según sus palabras, estos factores no deben considerarse como elementos aislados en la planificación estratégica. La atención combinada hacia la inflación y las interrupciones en la cadena de suministro son esenciales para proteger los márgenes operativos en un entorno comercial volátil.
Los efectos económicos del El Niño pueden ser asombrosamente vastos. Un estudio reciente publicado en la revista Science indicó que el El Niño de 1982-1983 provocó pérdidas globales de ingresos que superaron los $4 billones, mientras que el ciclo de 1997-1998 elevó esa cifra a inquietantes $5.7 billones. Este patrón sugiere que una mayor intensidad en el fenómeno climático podría traducirse en daños económicos incalculables. Así, el El Niño, al igual que el cambio climático, se presenta como un agente no lineal de devastación, donde un episodio más severo podría conllevar a resultados económicos desastrosamente peores.




