En Tineo-Nueva Ancud, la complejidad técnica se suma a la necesidad de organizar una obra que cruza continente y canal, lo que obliga a coordinar accesos, montaje, tiempos de ejecución y gestión territorial en paralelo.
El proyecto Tineo-Nueva Ancud según su escala, su geografía y el tipo de territorios que atraviesa, hace que su ejecución no pueda pensarse como una faena simple. Su dificultad radica en lo que va más allá de construir una nueva línea de transmisión.
El trazado del proyecto pasa por localidades como Llanquihue, Puerto Varas, Puerto Montt, Maullín, Calbuco y Ancud, con realidades rurales, costeras e insulares distintas entre sí.
Eso obliga a mirar el proyecto como una operación dividida en varios planos al mismo tiempo. En términos de gestión, la obra puede entenderse en tres grandes frentes: el tramo continental, el cruce y el tramo insular. Cada uno plantea restricciones diferentes, cada uno exige secuencias propias y ninguno puede quedar descoordinado respecto del resto sin afectar el avance global del proyecto.
Diferentes desafíos paralelos
Cuando se habla de transmisión, muchas veces la conversación pública se queda en una imagen básica: torres, cables y una línea que avanza por el territorio. Sin embargo, el trabajo de Transelec es bastante más exigente.
Antes del ingreso del EIA hubo trabajo en 26 localidades y con diversas comunidades indígenas, además de más de 70 reuniones formales de relacionamiento territorial.
Esa cobertura muestra el tipo de dispersión territorial con que el proyecto debe convivir y las soluciones a las que se llegó gracias a un trabajo anticipado y colaborativo.
Ese dato importa porque una obra lineal debe encontrarse con lugares con accesos distintos, actores distintos y sensibilidades distintas. Además de trabajar en sectores continentales conectados por la red vial, las obras deben enfrentar un cruce singular y luego seguir operando en una zona insular donde la logística cambia de escala.
El continente: volumen, accesos y avance por tramos
En el continente, la gestión de una obra así depende de una secuencia relativamente conocida, pero difícil de coordinar: habilitación de accesos, preparación de plataformas, fundaciones, montaje de estructuras y tendido de conductores. La dificultad está en que ese proceso no puede repetirse mecánicamente de punta a punta. Tiene que adaptarse a distintos sectores del trazado y a distintas condiciones de terreno.
Los documentos muestran que el proyecto interactúa con juntas de vecinos, delegaciones municipales, comunidades indígenas y organizaciones sociales a lo largo de varias comunas.
Eso ya dice bastante sobre el tipo de coordinación que requiere una obra de este tamaño, permitiendo que exista diseño de ingeniería junto con ventanas de trabajo y relación con actores locales en distintos puntos al mismo tiempo.
El cruce: donde la obra deja de comportarse como un tramo convencional
En un proyecto como este, el cruce difiere de ser sólo un detalle entre dos segmentos. Es en este punto donde la complejidad técnica sube varios escalones, el montaje deja de parecerse al de un tramo terrestre repetible y pasa a depender de maniobras más delicadas, planificación fina, tolerancias más exigentes y una logística más precisa.
Por eso, el cruce no puede atrasar el resto de la obra ni quedar aislado de la programación general.
La isla: continuidad de obra, pero con otra lógica de operación
El tramo insular representa un desafío al mayor al tratarse de una zona y espacios con diversidad de terrenos, organizaciones, comunidades y usos locales que exigen una gestión más fina.
Eso cambia la forma de trabajar. Para conectar con la isla, la construcción requiere de precisión y cuidado, resultando en un diseño logístico mayor para la secuencia diaria. Sin embargo, en el frente insular se suele exigir más anticipación.
Una obra lineal o una suma de secuencias
La imagen más útil para entender Tineo-Nueva Ancud no es la de una línea avanzando pareja, sino la de varias actividades superpuestas. Por ejemplo, mientras en un punto se trabaja en accesos o fundaciones, en otro se puede estar montando estructuras y en otro preparando el tendido.
Eso obliga a una planificación que ordena tareas y distribuye riesgos. Por ello ahí está una de las claves de este tipo de proyectos: la longitud por sí sola no explica la complejidad. Lo que la explica es la cantidad de dependencias cruzadas entre frentes.
Si un acceso se retrasa, afecta un montaje. Si un montaje se mueve, condiciona el tendido. Si una zona exige ajustes territoriales o de coordinación local, toda la secuencia cercana puede reordenarse.
Y es que uno de los puntos más concretos del proyecto Tineo-Nueva Ancud es que el trabajo previo permitió ajustar diferentes variables del diseño y dar pertinencia social y cultural a la descripción del proyecto, a las medidas ambientales y a los compromisos voluntarios. Para Transelec, hoy estamos ante un proyecto cuya definición se fue ajustando con información territorial.




