Conflicto interno en Colombia: ¿Cómo afectan las elecciones presidenciales?

El conflicto interno en Colombia, que ha persistido por más de seis décadas, está marcando decisivamente las elecciones presidenciales de este año. El aumento de la violencia y las amenazas por parte de grupos armados han dejado a la población aterrorizada. Edilma Martinez Flores, una madre que ha perdido a su hermano en un acto de extorsión, comparte su dolor en un centro de apoyo para desplazados en Bogotá. Su experiencia, desafortunadamente, no es aislada; muchas familias están siendo forzadas a abandonar sus hogares ante el avance de organizaciones criminales que imponen un control violento en las regiones. El contexto de inseguridad es el factor predominante en la mente de los votantes, quienes buscan soluciones a un problema que ha socavado la paz y estabilidad del país durante generaciones.

La situación en Colombia se ha deteriorado drásticamente en los últimos años, con un incremento alarmante en el número de miembros de grupos armados ilegales. Durante la campaña presidencial, los dos principales candidatos, Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella, han presentado visiones contrastantes para abordar esta crisis. Cepeda es conocido por su enfoque en el diálogo y la negociación, alineado con la estrategia de «paz total» del actual presidente Gustavo Petro. Por otro lado, De la Espriella, un empresario conservador, propone un enfoque más severo, prometiendo construir mega-prisiones y una dura represión militar contra las pandillas. Ambos caminos, sin embargo, reflejan la urgencia y la gravedad de la situación que enfrenta Colombia.

El reciente aumento en los desplazamientos forzados ha alcanzado un 300% entre 2024 y 2025, algo que no se había visto en las últimas dos décadas. Isabelita Mercado Pineda, asesora gubernamental para la paz, víctimas y reconciliación, subraya que la combinación de la producción creciente de cocaína, la falta de control estatal en territorios abandonados por la desmovilización de las FARC, y la fallida estrategia del gobierno han permitido que grupos criminales prosperen. En este contexto, las historias de personas como Erin Gamboa, quien perdió a su medio hermano en un incidente violento, resaltan la cruda realidad que muchos colombianos viven día a día, atrapados en un ciclo interminable de violencia y temor.

La polarización entre los votantes es evidente, con un apoyo notable para De la Espriella entre aquellos que buscan una respuesta contundente contra el narcotráfico y la violencia, mientras que Cipeda se ha ganado el respaldo de aquellos que priorizan soluciones más inclusivas y sociales. La influencia de figuras internacionales, como Donald Trump, quien ha respaldado a De la Espriella, añade un nivel adicional de complejidad a la contienda electoral. Votantes de diversas generaciones y estratos sociales están haciendo su elección en un clima de temor por la seguridad, lo que hace que el resultado de las elecciones del domingo sea más crucial que nunca para el futuro del país.

Los votantes jóvenes, que tienden a inclinarse hacia Cepeda, lo hacen no solo por su discurso sobre la paz, sino también por su enfoque hacia las raíces estructurales de la violencia, como la pobreza y la desigualdad. Catalina La Grande, una estudiante, expresa el deseo de sus compañeros de evitar repetir modelos de seguridad fallidos de gobiernos anteriores, abogando por una estrategia que combine la represión con el desarrollo social. El ambiente electoral está marcado por la esperanza y la desesperanza, un reflejo de un país que busca reconciliar su historia violenta mientras se adentra en un futuro incierto. Las elecciones no solo son una cuestión de política, sino una decisión sobre cómo Colombia enfrentará su dolorosa realidad.